Historia contra el Cáncer

Hoy es el día mundial contra el cáncer.

Cáncer.

Qué palabra tan oscura, tan tétrica, tan de mierda (perdón por la expresión). Se merece que la borren del diccionario. Que nunca más se llegue a pronunciar por boca de nadie.

Un enemigo invisible que no sabes cuando va atacar, que siempre anda al acecho. Entre historias que escuchas y las que te llegan o esa voz en tu cabeza susurrándote: “cualquier día te toca a ti o alguien cercano” y te cagas (otra vez perdóname la expresión) durante algún tiempo. Luego se te olvida hasta la siguiente historia, la pescadilla que se muerde la cola.

El cáncer es una palabra y una enfermedad repulsiva, sólo genera historias trágicas, de mucho dolor, de abatimiento. Historias que desmoralizan, que provocan que todo se vuelva negro. Pero bueno, esto mismo ocurre con muchas o casi todas las enfermedades tan terribles como ésta.

Sin embargo, también creo que son historias que nos hacen abrir los ojos y ser humanos, recordarnos nuestra esencia vital y no ir por ahí como si fuéramos invencibles. Esas historias nos obligan a reflexionar que en cualquier momento, podemos ser fundid@s como se hace con el hierro.

Somos en parte, puntos débiles. Por eso, revindico que somos humanos, que lo tengamos en cuenta, que la vida es así. Está en nuestras manos, que seamos más amables, más de intentar facilitarnos la existencia, más sonrientes, más de escucharnos entre todos. Y con nosotros mismos, infundirnos valor. Eso es muy a destacar. Porque ni tenemos que estar muertos de miedo cada día ni ir de gallitos o súpermanes. Siempre con la dosis adecuada.

¿Has escuchado la canción de Rozalén y Estopa, Vivir ? Es un canto de aceptación y de levantar mucho el ánimo.

O lo que dice Luz Casal en una entrevista de hoy, 4 de Febero de 2018: «He tenido mucha suerte en la vida, esto no es más que un accidente»

Sin olvidar, todas aquellas personas, como La Fundación AECC que se dedican a luchar activamente para que esta enfermedad termine siendo paliada.

Todo esto ayuda, crean un sentimiento de fuerza inmenso, el sentir que perteneces a algo muy grande, la sensación de estar tod@s unidos por una causa de naturaleza extraordinaria.

¿Y qué me gustaría a mí hacer después de toda esta palabrería?

Aportar mi granito de arena con una pequeña historia que vas a leer a continuación y que me gustaría que llegara a muchas personas porque además de hacerme ilusión, creo en esta causa. Mi pequeña aportación es creando este pequeño relato y tú, todos vosotr@s, leyendo y compartiendo la historia para que crezca y alcance infinitos corazones.

Eso mismo que acabo de explicar unas lineas arriba: sentir que formas parte de algo que merece la pena, que hace que tu alma se eleve y, como lo que dijo Eduardo Galeano que me parece aplicable a lo que estoy proponiendo (sustituye pobreza, subdesarrollo, etc por cáncer):

“Son cosas chiquitas.
No acaban con la pobreza
no nos sacan del subdesarrollo,
no socializan los medios de producción
y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá.

Pero quizá desencadenen la alegría de hacer,
y la traduzcan en actos.

Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad
y cambiarla aunque sea un poquito,
Es la única manera de probar
que la realidad es transformable.”

Te dejo con la historia, debajo tienes los botones de compartir en tus redes sociales y por supuesto, también puedes dejarme tu comentario. Eso sí, no te sientas obligad@.

Espero que te guste y que logremos el propósito primordial de la misma. Que un día, ojalá no lejano, logremos entre todos haber borrado esa palabra tan sucia, que tan mal queda en cualquier historia.

Porque cualquier acto, por nimio que pueda parecer, va a servir, sólo hay que ponerse manos a la obra y con nuestro ejemplo, seguro que muchos más se unirán.

¡Que no te queremos en nuestras historias, cáncer!

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***

LA DOBLE

Ella se levantaba cada mañana como cualquier otra persona, la verdad sea dicha. No tenía problemas serios, simplemente sus responsabilidades diarias y para ser sincera consigo misma, tampoco tenía alicientes especiales en su día a día.

Ella se llamaba América, vestía vaqueros y jerseys a juego, bebía coca-cola y le gustaba ir leyendo el periódico en el metro, de camino a la oficina de Correos en la que trabajaba. Hasta aquí todo normal en su historia, sin embargo hubo un día en el que le ocurrió algo excepcional: descubrió que tenía una doble.

La vio sentada en uno de los bancos de la sala de espera del hospital, en concreto, donde se aguadaba el turno para entrar a la extracción de sangre. Su médico de cabecera le había pedido unos análisis porque ella últimamente se encontraba cansada y le dolía el costado derecho. La otra, su idéntica, y ella cruzaron por unos momentos las miradas para después desviar los ojos hacia otro lado y su otra yo continuar con la lectura de un libro que tenía entre sus manos. A los pocos segundos, América volvió a mirarla para cerciorarse de su parecido tan asombroso. Esa otra “América”, tenía algo intrigante, como una especie de halo, debía reconocer que destilaba una luz que no sabría definir y eso tan sólo observando su presencia. Hizo acopio de valor y se acercó hasta donde la otra se encontraba, se sentó y la saludó.

La doble suya cerró el libro que leía, lo dejó en el asiento de al lado y con una sonrisa dijo:

—Hola, me alegra conocerte.

Cuando América fue a contestarla, una enfermera se acercó dónde su interlocutora informándola que era su turno y que la acompañara. América, por unos instantes, se quedó en blanco, quieta, observando cómo desaparecía a lo largo del pasillo. Cuando reaccionó, se dio cuenta de que se había dejado olvidado el libro y lo cogió. Pensó que era un buen pretexto para esperar a que volviera. Se sentó y lo ojeó. Era un libro de fotografías variadas, con breves pensamientos existencialistas al pie de cada imagen. El título era “La esencia de los instantes inmortales” y el autor se llamaba Arthur Steinlorch fotógrafo y amante de la vida, rezaba en el prólogo. A ella, todo aquello le parecía ilusorio, ajeno a la realidad común, tanto como el verse reflejada en aquella otra doble pero al parecer, opuestas en la forma de ser. Su idéntica parecía una soñadora y en cambio, América tenía los pies anclados con firmeza en la realidad, ni siquiera leía libros, su única lectura eran las noticias del periódico diario.

Pasaron unos diez minutos y le llegó su turno de extraerle las muestras de sangre. Dejó el libro sobre la silla donde había estado su otra ella. Cuando salió, el asiento estaba vacío y tuvo que admitir que se sintió un poco decepcionada por no haber vuelto a coincidir con su doble.

Esa misma tarde, al regresar a casa del trabajo, encendió la televisión mientras ponía la lavadora con la ropa de cama, el pijama y algunos trapos de cocina. Estaban dando la película “Come, reza, ama” de Julia Roberts y le vino a la mente, que a esa otra ella seguro que le iba esa clase de películas transcendentales, tan alejadas de la cotidianeidad. Cambió el canal y puso el de las noticias. Se sentó un rato hasta que la lavadora acabara. Se olvidó completamente del encuentro extraordinario que le había sucedió a la mañana.

Una hora más tarde, se dispuso a colgar la ropa húmeda en el tendedero del balcón. Se sobresaltó cuando vio que su doble se encontraba abajo en la calle, con la vista fija en ella y el semblante serio y taciturno. América se quedó observándola a su vez y la otra movió la cabeza en un gesto de negación y se marchó.

Sólo tuvieron que pasar unas horas para que se le olvidara aquel episodio tan peculiar a América, se dijo que había sido algo sin más, a lo que no debía dar importancia alguna. Hasta bautizó a la anécdota como “El día que se encontró con su doble fantasma”.

Al día siguiente, a primera hora de la mañana recibió una llamada de su médico de cabecera, le pedía que fuera en cuanto pudiera, tenía los resultados de los análisis y tenía que comunicárselos de inmediato. Acudió en menos de una hora, el doctor le expuso que tenía un tumor muy extendido en el hígado y que las posibilidades de supervivencia eran mínimas.

La cabeza de América comenzó a darle vueltas y más vueltas y sólo alcanzó a decir en un hilo de voz: “Pero si yo tan sólo me sentía cansada”.

Los últimos días antes de cerrar los ojos para siempre, quiso hallar fuerzas para luchar, para seguir viviendo, hasta compró el libro del tal Arthur Steinlorch y el dvd de la película de Julia Roberts pero no pudo sentir nada más que el ahogo de la propia realidad, de sentir en primera persona una noticia como las que acostumbraba a ver y leer.

Entonces se dio cuenta, con profunda impotencia, que “El día que se encontró con su doble fantasma” no había sido algo meramente anecdótico.

(Todos los derechos reservados)

***

Historia inspirada en El misterio de los Doppelgänger

Doppelgänger proviene del idioma alemán y hace referencia a una especie de doble fantasmal o duplicado paranormal que posee una persona y que yo he versionado a mi gusto y conveniencia 😉 desde mi posición pequeña pero firme contra el cáncer.

Dopplegänger
Fotografía compartida desde https://misterioalaorden.net/2018/01/29/el-misterio-de-los-doppelganger/
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Publicado por

Larrú

Escritora independiente

17 comentarios en “Historia contra el Cáncer”

  1. Lo vivimos, lo hemos sufrido, lo hemos padecido y, sinceramente, pienso que llega un momento en que nos irá tocando a todos. Yo fui muy afortunada, lo extirparon por completo, pero siempre te queda la comidilla de si te volverá a tocar. Vivir la vida, no malgastar ni un segundo en algo que no te hace feliz, perseguir los sueños y luchar por ellos. Ese es mi aprendizaje.
    💙💙💙💙

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  2. Excelente forma de exponer una palabra que cala muy hondo en la actualidad. La hemos visto pasar de cerca, quizás muy cerca y en verdad debería estar en proceso de extinción. Bella entrada. 👏👏😘

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    1. Muchas gracias, Marta, es una historia fiel reflejo de nuestra esencia humana, para recordarnos q somos puntos débiles. Pero a la vez con muchísima fuerza 🌬️💙💙💙💙 besazos azules 💙

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  3. Extraordinarias palabras Larru. Tanto por mi experiencia personal como profesional (si te tropiezas con “13 Almas” lo entenderás, y perdón por la mención que no pretendo hacer publicidad sino una referencia real) no puedo más que darte la enhorabuena por tan bonita y acertada reflexión. Un saludo con cariño, Sara

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  4. Me ha encantado el relato. Mucho.
    Pero no la visión del “cancer” como algo negativo. Nadie lo elegiría en su vida, pero si te toca, puede ser una maravillosa lección de vida, una gran oportunidad.

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