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Historia de una fotografía

Antes de que comiences a leer esta pequeña historia te sugiero que pongas de fondo la canción “Photograph” de Ed Sheeran.
¡Feliz Lectura, espero que la disfrutes!

Mara compró una cámara de fotos en una de esas tiendas de segunda mano del centro de la ciudad. Su salario en una oficina como “vuelcadatos” no le permitía de momento, nada más, vivía sola de alquiler y había ido ahorrando, euro a euro, para poder tenerla. Lo siguiente sería realizar un curso de fotografía profesional, para eso tenía ya otra hucha preparada. Su amiga Virginia le había dicho en más de una ocasión, que había miles de tutoriales en Youtube para aprender a tomar buenas fotografías y ese dinero, gastarlo en irse de vacaciones las dos. Pero Mara le decía que no, que más adelante, mientras pensaba para sus adentros que lo que ella más deseaba era convertirse en una fotógrafa freelance y recorrer el mundo para ir retratando cada rincón, cada cultura, cada persona que sabía que le sorprendería.

En cuanto llegó a su casa, la sacó de la caja y comenzó a andar en el aparato para saber cómo iba y todas las funciones de las que disponía. Para su sorpresa, descubrió que en la galería de archivos, que debiera estar vacía, quedaba una imagen.

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Se quedó durante un breve momento mirándola, no sabía muy bien qué efecto le producía, quizá un poco el misterio de quién era aquel hombre o no poder ponerle cara al protagonista, o también la incógnita de a qué o a quién retrataba. Después de conjeturar diversas historias sobre el protagonista de la instantánea, decidió eliminarla, sin más. Para que darle vueltas a algo que no tenía razón de ser, prefirió pensar en lo que iba a hacer al día siguiente, domingo. A dónde iría con su preciosa máquina de fotos.

Aquella noche, durmió a ratos y además. tuvo una serie de sueños raros, que la despertaban sobresaltada. En todos ellos, la cámara estaba presente y sufría algún suceso malo, como que se le caía, o se la robaban, o que iba a hacer fotos y no funcionaba. La última vez que se quedó dormida eran casi las seis de la mañana, cuando abrió los ojos había llegado el mediodía. Se levantó muy cabreada, había perdido casi medio día de fiesta. Un punzante dolor de cabeza le obligó a tomarse un par de galletas y un café lo antes posible para tomarse un ibuprofeno de urgencia. Decidió darse una ducha rápida, reconoció que aún quedaba domingo por delante, comería fuera un bocata o sandwich.

Cuando se peinaba el cabello frente al espejo, al recogerse el pelo en una coleta, no dio crédito a la imagen que vio reflejada además de la suya. Era imposible pero era el chico de la cámara, la imagen idéntica a la que había descubierto el día anterior. Estupefacta, ahogó un grito y cerró los ojos con fuerza. Cuando los volvió a abrir, sólo quedaba su propio reflejo.

Fue en busca del aparato y lo encendió. De pronto, le urgía cerciorarse de si había borrado aquella imagen. Abrió la galería y allí estaba la solitaria fotografía del chico que momentos antes, había visto con sus propios ojos en el espejo de su baño.

Mara apagó el aparato y lo fue a guardar en su caja. El lunes, cuando saliera de trabajar, iría a ver si podía devolverla a la tienda. Cuando tenía ya la caja descubrió en uno de los laterales interiores un correo electrónico junto a su contraseña: unavidaretratadaeninstantesinfinitos@gmail.com / instantesinfinitos_ella

No lo pensó ni un sólo segundo, fue hasta su portátil y tecleó los datos que había encontrado. No había un sólo mensaje en la bandeja de recibidos, había más de un centenar en la de enviados y todos ellos iban dirigidos a Miriam Aldaga. Hizo clic en el último que había sido remitido y leyó:

Sé que no estoy equivocado, todo esto que siento por ti no es un error. Me niego a creerlo. Miriam, tú eres el amor de mi vida, lo sé, no he estado más convencido de algo nunca. Si no estás en esta vida que me ha tocado, en la que tú eres un imposible, esperaré a la siguiente o a la otra, porque el error está en el tiempo, no en este sentimiento que me une a ti. Aún así, has de saber que me despido de ti porque me doy cuenta que estar cerca de ti y saber que no podré tenerte es una tortura permanente.

Me marcho, no te diré a dónde, me llevo mi cámara, mi colección de instantes junto a ti y todos los momentos que compartimos en mi memoria y corazón. No me despido de ti, nos volveremos a encontrar, porque estamos destinados a ser…

Siempre,

Álvaro.

Mara fue abriendo más correos, todos ellos eran declaraciones de amor absolutas y eternas, junto a fotografías de ella, de los dos juntos.

Aquella cámara de fotos que había comprado tenía un dueño o, había tenido un dueño y sin saber muy bien por qué, ella llegó a la conclusión que debía regresar a él. En ese preciso instante, mandó desde su correo personal un mensaje al tal Álvaro. Al momento, lo vio en la bandeja de entrada del mail de él. Pensó que también le enviaría otro similar a la chica. Les explicaba que tenía la cámara y deseaba devolvérsela. Durante los diez minutos siguientes, se quedó esperando, quieta, con el corazón en un puño. El teléfono le avisó que tenía un correo nuevo. Pertenecía a Miriam Aldaga:

Gracias por contactar conmigo. Álvaro murió hace un año, fue un accidente horrible, iba en un jeep y un camión le arrolló. Éramos compañeros de trabajo, en una revista de viajes pero también mi mejor amigo, era como mi hermano. Tener su cámara de fotos es de un valor incalculable para mí. Mi teléfono es 693505052, gracias de nuevo.

Mara llamó a Miriam y quedaron. Después volvió a coger la cámara para guardarla pero no pudo contener las ganas de abrir por última vez la galería de imágenes.

La fotografía de Álvaro había desaparecido.

***

Como siempre, le echo un poco de jeta llegados a este punto y te pido que me ayudes a que esta historia llegue a más personas, compartiéndola en tus redes sociales. Mil gracias.

Y, gracias por tu visita, por supuesto. Eso por descontado 🙂

El hilo rojo… y otras historias

Existe una leyenda oriental que reza que las personas destinadas a conocerse están conectadas por un hilo rojo. Imagino que ya habrás leído de qué trata, si no te paso uno de los enlaces en Internet que la explica de forma detallada.

¿Y por qué escribo sobre este hilo rojo?

Porque ese hilo sale de un ovillo, ¿no? Pues bien, existe otro ovillo con otro color y con otra función. Y no es otro que el ovillo azul.

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El ovillo de la escritura, el ovillo azulado que llevo siempre entre mis manos y con el que tejo cada una de mis historias. El ovillo de cada uno/a de los escritores/as.

Porque, en un principio, el ovillo augura que se encuentre el escritor/a con la historia para después lo haga con los lectores/as. Del ovillo azul sale el hilo que conecta a unos y a otros.

¿No resulta maravilloso? 

Puede que sea tan sólo una más de mis inspiraciones sin fundamento o puede que sea una tontería, ¿qué más da? Lo que si es cierto, es que existe un encuentro entre escritores, historias y lectores. Como existe el encuentro entre personas que relata la leyenda del hilo rojo.

Descarto esas dudas desgarradoras a veces o los temores a que mis historias no lleguen a encontrarse con sus lectores, porque conozco y sigo descubriendo más lectores/as que me confirman la existencia de ese ovillo azul.

No necesito más evidencias y es por ello que celebro por ese ovillo azul, por la vida, por las historias, por los libros.

Brindo, como decía Borges, por la imaginación que hizo que se inventaran los libros y por la mía que ha creado el ovillo azul.

 

“De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo. Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”

Jorge Luis Borges.

 

Si, ya sé, lo que estás pensando, que ahora estás leyendo estas palabras en negro. Sin embargo, antes de pasarlas a través del teclado, hice mis anotaciones en azul. Casi siempre utilizo tinta azul.

 

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¿Qué te parece toda esta historia que te he contado? Me encantaría que me compartieras tu opinión 😉

 

Historia contra el Cáncer

Hoy es el día mundial contra el cáncer.

Cáncer.

Qué palabra tan oscura, tan tétrica, tan de mierda (perdón por la expresión). Se merece que la borren del diccionario. Que nunca más se llegue a pronunciar por boca de nadie.

Un enemigo invisible que no sabes cuando va atacar, que siempre anda al acecho. Entre historias que escuchas y las que te llegan o esa voz en tu cabeza susurrándote: “cualquier día te toca a ti o alguien cercano” y te cagas (otra vez perdóname la expresión) durante algún tiempo. Luego se te olvida hasta la siguiente historia, la pescadilla que se muerde la cola.

El cáncer es una palabra y una enfermedad repulsiva, sólo genera historias trágicas, de mucho dolor, de abatimiento. Historias que desmoralizan, que provocan que todo se vuelva negro. Pero bueno, esto mismo ocurre con muchas o casi todas las enfermedades tan terribles como ésta.

Sin embargo, también creo que son historias que nos hacen abrir los ojos y ser humanos, recordarnos nuestra esencia vital y no ir por ahí como si fuéramos invencibles. Esas historias nos obligan a reflexionar que en cualquier momento, podemos ser fundid@s como se hace con el hierro.

Somos en parte, puntos débiles. Por eso, revindico que somos humanos, que lo tengamos en cuenta, que la vida es así. Está en nuestras manos, que seamos más amables, más de intentar facilitarnos la existencia, más sonrientes, más de escucharnos entre todos. Y con nosotros mismos, infundirnos valor. Eso es muy a destacar. Porque ni tenemos que estar muertos de miedo cada día ni ir de gallitos o súpermanes. Siempre con la dosis adecuada.

¿Has escuchado la canción de Rozalén y Estopa, Vivir ? Es un canto de aceptación y de levantar mucho el ánimo.

O lo que dice Luz Casal en una entrevista de hoy, 4 de Febero de 2018: «He tenido mucha suerte en la vida, esto no es más que un accidente»

Sin olvidar, todas aquellas personas, como La Fundación AECC que se dedican a luchar activamente para que esta enfermedad termine siendo paliada.

Todo esto ayuda, crean un sentimiento de fuerza inmenso, el sentir que perteneces a algo muy grande, la sensación de estar tod@s unidos por una causa de naturaleza extraordinaria.

¿Y qué me gustaría a mí hacer después de toda esta palabrería?

Aportar mi granito de arena con una pequeña historia que vas a leer a continuación y que me gustaría que llegara a muchas personas porque además de hacerme ilusión, creo en esta causa. Mi pequeña aportación es creando este pequeño relato y tú, todos vosotr@s, leyendo y compartiendo la historia para que crezca y alcance infinitos corazones.

Eso mismo que acabo de explicar unas lineas arriba: sentir que formas parte de algo que merece la pena, que hace que tu alma se eleve y, como lo que dijo Eduardo Galeano que me parece aplicable a lo que estoy proponiendo (sustituye pobreza, subdesarrollo, etc por cáncer):

“Son cosas chiquitas.
No acaban con la pobreza
no nos sacan del subdesarrollo,
no socializan los medios de producción
y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá.

Pero quizá desencadenen la alegría de hacer,
y la traduzcan en actos.

Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad
y cambiarla aunque sea un poquito,
Es la única manera de probar
que la realidad es transformable.”

Te dejo con la historia, debajo tienes los botones de compartir en tus redes sociales y por supuesto, también puedes dejarme tu comentario. Eso sí, no te sientas obligad@.

Espero que te guste y que logremos el propósito primordial de la misma. Que un día, ojalá no lejano, logremos entre todos haber borrado esa palabra tan sucia, que tan mal queda en cualquier historia.

Porque cualquier acto, por nimio que pueda parecer, va a servir, sólo hay que ponerse manos a la obra y con nuestro ejemplo, seguro que muchos más se unirán.

¡Que no te queremos en nuestras historias, cáncer!

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***

LA DOBLE

Ella se levantaba cada mañana como cualquier otra persona, la verdad sea dicha. No tenía problemas serios, simplemente sus responsabilidades diarias y para ser sincera consigo misma, tampoco tenía alicientes especiales en su día a día.

Ella se llamaba América, vestía vaqueros y jerseys a juego, bebía coca-cola y le gustaba ir leyendo el periódico en el metro, de camino a la oficina de Correos en la que trabajaba. Hasta aquí todo normal en su historia, sin embargo hubo un día en el que le ocurrió algo excepcional: descubrió que tenía una doble.

La vio sentada en uno de los bancos de la sala de espera del hospital, en concreto, donde se aguadaba el turno para entrar a la extracción de sangre. Su médico de cabecera le había pedido unos análisis porque ella últimamente se encontraba cansada y le dolía el costado derecho. La otra, su idéntica, y ella cruzaron por unos momentos las miradas para después desviar los ojos hacia otro lado y su otra yo continuar con la lectura de un libro que tenía entre sus manos. A los pocos segundos, América volvió a mirarla para cerciorarse de su parecido tan asombroso. Esa otra “América”, tenía algo intrigante, como una especie de halo, debía reconocer que destilaba una luz que no sabría definir y eso tan sólo observando su presencia. Hizo acopio de valor y se acercó hasta donde la otra se encontraba, se sentó y la saludó.

La doble suya cerró el libro que leía, lo dejó en el asiento de al lado y con una sonrisa dijo:

—Hola, me alegra conocerte.

Cuando América fue a contestarla, una enfermera se acercó dónde su interlocutora informándola que era su turno y que la acompañara. América, por unos instantes, se quedó en blanco, quieta, observando cómo desaparecía a lo largo del pasillo. Cuando reaccionó, se dio cuenta de que se había dejado olvidado el libro y lo cogió. Pensó que era un buen pretexto para esperar a que volviera. Se sentó y lo ojeó. Era un libro de fotografías variadas, con breves pensamientos existencialistas al pie de cada imagen. El título era “La esencia de los instantes inmortales” y el autor se llamaba Arthur Steinlorch fotógrafo y amante de la vida, rezaba en el prólogo. A ella, todo aquello le parecía ilusorio, ajeno a la realidad común, tanto como el verse reflejada en aquella otra doble pero al parecer, opuestas en la forma de ser. Su idéntica parecía una soñadora y en cambio, América tenía los pies anclados con firmeza en la realidad, ni siquiera leía libros, su única lectura eran las noticias del periódico diario.

Pasaron unos diez minutos y le llegó su turno de extraerle las muestras de sangre. Dejó el libro sobre la silla donde había estado su otra ella. Cuando salió, el asiento estaba vacío y tuvo que admitir que se sintió un poco decepcionada por no haber vuelto a coincidir con su doble.

Esa misma tarde, al regresar a casa del trabajo, encendió la televisión mientras ponía la lavadora con la ropa de cama, el pijama y algunos trapos de cocina. Estaban dando la película “Come, reza, ama” de Julia Roberts y le vino a la mente, que a esa otra ella seguro que le iba esa clase de películas transcendentales, tan alejadas de la cotidianeidad. Cambió el canal y puso el de las noticias. Se sentó un rato hasta que la lavadora acabara. Se olvidó completamente del encuentro extraordinario que le había sucedió a la mañana.

Una hora más tarde, se dispuso a colgar la ropa húmeda en el tendedero del balcón. Se sobresaltó cuando vio que su doble se encontraba abajo en la calle, con la vista fija en ella y el semblante serio y taciturno. América se quedó observándola a su vez y la otra movió la cabeza en un gesto de negación y se marchó.

Sólo tuvieron que pasar unas horas para que se le olvidara aquel episodio tan peculiar a América, se dijo que había sido algo sin más, a lo que no debía dar importancia alguna. Hasta bautizó a la anécdota como “El día que se encontró con su doble fantasma”.

Al día siguiente, a primera hora de la mañana recibió una llamada de su médico de cabecera, le pedía que fuera en cuanto pudiera, tenía los resultados de los análisis y tenía que comunicárselos de inmediato. Acudió en menos de una hora, el doctor le expuso que tenía un tumor muy extendido en el hígado y que las posibilidades de supervivencia eran mínimas.

La cabeza de América comenzó a darle vueltas y más vueltas y sólo alcanzó a decir en un hilo de voz: “Pero si yo tan sólo me sentía cansada”.

Los últimos días antes de cerrar los ojos para siempre, quiso hallar fuerzas para luchar, para seguir viviendo, hasta compró el libro del tal Arthur Steinlorch y el dvd de la película de Julia Roberts pero no pudo sentir nada más que el ahogo de la propia realidad, de sentir en primera persona una noticia como las que acostumbraba a ver y leer.

Entonces se dio cuenta, con profunda impotencia, que “El día que se encontró con su doble fantasma” no había sido algo meramente anecdótico.

(Todos los derechos reservados)

***

Historia inspirada en El misterio de los Doppelgänger

Doppelgänger proviene del idioma alemán y hace referencia a una especie de doble fantasmal o duplicado paranormal que posee una persona y que yo he versionado a mi gusto y conveniencia 😉 desde mi posición pequeña pero firme contra el cáncer.

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Fotografía compartida desde https://misterioalaorden.net/2018/01/29/el-misterio-de-los-doppelganger/

Escuchar música inspira

Escuchar música inspira, creo que eso es de dominio público. También dijo Leonard Bernstein: “La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido.”

Escuchar música crea sentimientos, imágenes, momentos. Da lugar a infinitas historias tanto reales como ficticias o incluso una amalgama de ambas.

Para mí, en concreto, escuchar música es una de mis mejores fuentes de creatividad, atrae a mis musas y enreda en mi imaginación. Tanto que los fantasmas empiezan a sisearme sus andanzas…

Hay una de las canciones actuales, de hace dos años, que suele sonar en la radio producida por Calvin Harris cuyo título es “How deep is your love” que de tanto escucharla, me ha sido inevitable no ponerme a escribir su respectiva historia, con los fantasmas como protagonistas, cómo no.

Y aquí te la comparto, coge aire, te doy la bienvenida a…

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El Milagro del Amor

 

Con el nuevo año que recién acabamos de comenzar, te presento una nueva sección en este blog que estoy convencida que te va a gustar. Se trata de colaboraciones de amig@s, a quiénes lo más probable conozcas. Una manera de hacer gala a esa inspiración que comentaba de crear este blog para que se convierta en un lugar de reunión, en el sentido amplio del concepto. La encargada de inagurarla es Marta Álvarez Pérez con su pequeña historia El Milagro del Amor.

Sin más preámbulos, pasa y lee 😉

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El invierno ha llegado

Para inaugurar la recién estrenada estación, este invierno que nos va a deparar muchas historias con muchos momentos hygge,  de los que te hablaba hace no mucho, ¿te acuerdas?, nada mejor que una de fantasmas en su honor.

Un pequeño relato en el que el invierno ha llegado, en busca del calor de una mirada.

Haz clic en el audio para ambientarte, para crear la atmósfera, para perderte en esos ojos y en lo que vas a leer.

 

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Érase una vez…

 

Berna se enamoró de un soldado, una noche invernal en la que un joven demacrado, al pasar por la cerca del jardín, se quedó mirándola fijamente y ella sintió el grito de auxilio de sus ojos en la boca del estómago. Ella salió con una taza de caldo humeante que él cogió y que al tomar tan rápido, provocó que se le escapara parte del líquido por las comisuras de la boca.
Desde entonces, se encontraron a diario hasta que en la séptima noche, ella le invitó a pasar a su casa. Vivía sola, a veces la visitaba una prima que vivía en el pueblo de al lado, por lo demás pasaba su vida en soledad, desde que muriera su anciano padre quién había amasado gran fortuna y que ella había heredado para facilitarle su existencia.
El soldado entró y pasaron la noche juntos. 
A la mañana siguiente, al despertar y aún sumida la oscuridad en su habitación, recordó las palabras que él le había dicho instantes antes de dormirse: “Vuelvo cada noche porque quiero que te quedes conmigo para siempre y regresaré lo que sea necesario para convencerte.” 

Ella sonrió y tendió una mano hacia su amante con delicadeza, notó en sus dedos algo áspero, como una rama seca, y dio al interruptor de la luz de la mesilla. Descubrió con horror que a su lado no se encontraba él, si no un esqueleto.
Muerta de miedo, cogió las ropas tiradas por la alcoba de él y las quemó en la chimenea, después salió corriendo de la casa y se topó por el camino con la prima que iba a verla en esos momentos, como tenía costumbre cada semana. Al confesarle lo ocurrido, la otra le aconsejó que pusiera velas en el jardín para proteger su hogar, así evitaría que el fantasma del soldado se acercara, incluso si quisiera de nuevo, entrar.
Cuando el amante regresó en la octava noche y ella lo vio allí parado, con las luces de las velas reflejadas en sus pupilas y ese gesto de súplica fue incapaz de resistir el deseo de ir hacia él y abrazarle.
A la mañana siguiente, la prima enmudeció al descubrir su cadáver  en el jardín, entre las velas casi a punto de consumirse, cubierto de escarcha, unido en un abrazo apasionado con un esqueleto vestido de uniforme y botas.

 

***********

El invierno ha llegado, espero que disfrutes de cada una de las historias que te depare y que, sobre todo, las vivas lo más feliz posible.

Recuerda aquello que dijo el poeta que “en el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante”

Me despido, no sin antes desearte unas Felices Fiestas de Navidad y un Próspero 2018, rodead@ de los tuy@s.

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Puedes dejarme tu opinión en la parte de “comentarios” de más abajo y también, si quieres, compartir con libertad esta publicación.

¡Hasta la próxima!


 

Un Cuento de Navidad

Escucharás, leerás, verás muchas historias en estas Navidades 2017 y serás protagonista en algunas de ellas y ésas serán tus favoritas. sin duda. Se convertirán en tus cuentos de Navidad únicos y especiales. Formarán parte de tu vida para siempre.

En esta publicación, te invito a leer los dos primeros capítulos de uno de esos cuentos de Navidad, REENCUENTRO, que considero posee esa categoría de original y mágico.

REENCUENTRO trata de la historia de Jon y Ane, ubicada en Bilbao en medio de todo el jolgorio navideño. A través de Jon descubrirás que reencontrarse por segunda vez con Ane, significará que la conocerá por primera vez. Volverás a creer en las segundas oportunidades y tal vez, sólo tal vez, las historias de fantasmas cambien de perspectiva para ti:

Durante Navidad, una noche Jon, bohemio empedernido y algo vividor, tiene un sueño intenso y especial en el que ve a Ane, con la que tuvo un pequeño “rollo” hace veinte años.
Al despertar, esa imagen persiste tanto en su mente que comienza a preguntarse el significado del mismo. Los sueños de amor con ella se repiten consiguiendo que Jon comience a preguntarse si no se está volviendo loco pero pronto, se da cuenta que quiere volver a verla, que encontrarla se ha convertido en toda su motivación personal.
Sin embargo, el tiempo y la vida le frenarán la búsqueda. ¿Se reencontrará con la chica de sus sueños? ¿O es solamente un fantasma del pasado? ¿Cómo saber si el amor de su vida ha regresado?.

Antes de que comiences a leer, quiero comentarte que la fotografía que encabeza esta entrada de blog pertenece a Eva ACHA,  quién retrata maravillosos instantes de nuestra ciudad, Bilbao y los sube en las redes sociales. Eva, una chica simpática y cercana que conocí en Instagram, a la que agradezco su generosidad por dejarme compartir esta imagen, de todo corazón.

Ahora ya, te dejo que te adentres en la historia…

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UNA NOCHE COMO OTRA CUALQUIERA

 

“La vida consiste en mirar cara a cara al día que vives y decirle que no piensas desperdiciarlo” le dijo Jon a su colega Karlos dándole un trago largo a su vaso de cerveza, este le miraba con ojos vidriosos.

– ¿Qué dices tío? Cuando te pones filosófico no te entiendo – dijo alzando la voz por encima de la música del pub.

Jon terminó la consumición y se despidió.

– Déjalo, me piro para casa, este ambiente me está poniendo dolor de cabeza y empiezo a divagar.

– ¿Te largas? Pues yo me quedo, la pelirroja del taburete del fondo no deja de mirar para aquí, voy a ver si cuela.

Jon le miró con una medio sonrisa y le dijo:

– Suerte, colega y añadió ¿mañana te veo en el club?

– Si, como siempre, adiós – y se dirigió tambaleante a la chica.

El camino hasta su casa se le hizo largo, Jon se subió el cuello de la cazadora y se encogió. Qué ganas de meterse en la cama. Notó que le vibraba el móvil. Un mensaje de Tania. “Estoy en el Excelsior, nos tomamos una y nos vamos a mi casa, ¿te apuntas?”.

Por unos momentos lo valoró. El plan le seducía pero quedarse luego, no le apetecía. Le dio pereza y contestó un escueto “no, otro día”.

Cuando se metió en la cama se alegró de haberse negado a la tentación de la voluptuosa Tania. Estaba hecho polvo, la cabeza le dolía horrores a pesar de haber bebido como cualquier otra noche, sólo quería dormir, a poder ser hasta el mediodía.

Sabía que lo pagaría caro con ella, la próxima vez no se lo iba a poner tan fácil pero no le importó. Porque como él decía “chicas sobran en cualquier lugar y momento”.

Se quedó dormido pero pasó una noche y madrugada poco apacible. Como más tarde le contaría a su colega Karlos, había soñado con un fantasma, con uno de carne y hueso, de los que más miedo dan.

 

 

UN FANTASMA DE CARNE Y HUESO

 

Se despertó pasado el mediodía del domingo por culpa de los petardos navideños. Oía el ruido que hacía la gente por la calle disfrutando del aperitivo matinal. Se resistía a salir de la cama, no podía dejar de pensar en lo que había soñado, lo había sentido muy real… el tacto de esa piel en la suya. Se tocó la mano, se estremeció al recordar cómo le había quemado el apretón que le había dado.

 

En el sueño caminaba por la gran vía de Bilbao. Era de noche, las luces azules de la decoración navideña envolvían la calle, los edificios, los coches. Iba solo, sin saber adónde se dirigía, pero se sentía agusto. En un momento, se paró enfrente de un escaparate de una tienda de decoración. Le llamó la atención los cuadros que se exponían allí. En concreto, una pintura le pareció muy bonita, se veía un estanque de agua verde con nenúfares y por encima mariposas revoloteando. En el centro, había una figura de mujer de cabellos largos y cobrizos inclinada cogiendo agua en las palmas de sus manos. Se dio cuenta que la tienda estaba abierta a pesar de lo tarde que parecía ser. Se palpó los bolsillos del pantalón y de la cazadora, no tenía la cartera, no podía comprar el cuadro. Se fue de allí triste.

Un poco más adelante, llegó a la plaza Moyúa y se sentó en uno de los bancos cerca de los jardines. Miró a su alrededor, no había nadie más que él. Todo estaba desierto en el centro de Bilbao. Entonces, notó que alguien se sentaba a su lado y giró la cabeza. No le costó reconocer a la mujer que se había aparecido a su lado. Era Ane, la Ane que conoció hace muchos años. Con el pelo recogido en coleta y pálida, le sonreía y Jon le devolvió la sonrisa.

 

—Hola Jon—dijo con voz hueca.

—Ane… —en el sueño sentía la boca torpe.

—¿Me recuerdas? —preguntó ella sin dejar de sonreírle.

 

El asintió y ella acercó una mano a la suya. Le dio un pequeño apretón que le electrizó el cuerpo por el frío que desprendía. El se apartó del susto.

La cara de ella se entristeció y dijo:

 

—Yo a ti también, Jon.

 

Entonces, una pequeña explosión le había despertado. “¿Pero no habían prohibido la venta de petardos?” se había preguntado molesto.

 

No recordaba nada más. Jon cerró los ojos para tratar de rememorar el sueño. Sin duda era Ane, una chica con quién tuvo una corta relación cuando el tenía diecinueve años y a quién desde entonces, no había vuelto a ver y de la que desconocía su paradero. La había visto en el sueño tal como era entonces, con mucho más detalle de lo que podía acordarse estando despierto.

“Tú siempre fuiste mi chica especial y no lo supe hasta que dejé de verte” pensó Jon.

Se preguntó a qué venía soñar con ella veinte años después, pasear por la gran vía en navidades, parar a ver un escaparate, admirar un cuadro y querer comprarlo. Las dos partes del sueño eran incongruentes entre sí. Aparte de que nada de aquello era usual en él.

Se tocó la mano, le parecía sentir aún la piel abrasiva de Ane. La imagen en su sueño parecía la de un fantasma, esa tez blanquecina y su tono al hablar le daban ese aspecto. “Pero un fantasma no puede ser porque los fantasmas ni se tocan ni se sienten. Además Ane no va a estar muerta. En todo caso, he soñado con un fantasma de carne y hueso” pensó Jon. Se frotó los párpados, estaba dándole muchas vueltas a algo que no era más que un sueño. Se dijo que mejor era olvidarlo.

 

Sin embargo y al contrario de lo que había decidido, estuvo todo el día acompañándole en su cabeza…

 

***

 

Si te ha gustado cómo comienza REENCUENTRO, está disponible en la tienda Kindle de Amazon, en formato digital si no puedes esperar más y en papel, si te gusta el libro físico de toda la vida.

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Ya me contarás si es o no es uno de esos cuentos de Navidad para recordar… 😉 Déjame tu comentario o valoración, ¿de acuerdo? Y si te ha gustado esta publicación, compártela con tus amig@s en la redes sociales.

¡Felices Fiestas, Felices tus Historias!