Suma de instantes

Tan sólo
instantes en el infinito,
eso somos,
que esperan arder,
entrelazarse,
convertirnos en fuego,
tan sólo incógnitas del universo,
que empezamos a resolver,
con tu mano, en mi mano,
y después…
después seguir siendo instantes,
una suma de instantes perfectos,
siempre,
durante todo el tiempo
que nos quede. ©

Historias de Larrú

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Una cascada de emociones

Lo que voy a decir es tirar piedras contra mi propio tejado pero,
las historias también se cuentan en otro lenguaje además del escrito.

Todo se vuelve más sencillo,
cuando no son necesarias las palabras para comprender la vida
y al que tienes al lado.

Basta un gesto de cariño,
un lugar que te acaricie los sentidos,
tomar aire y soltarlo,
para vivir un momento irrepetible que reconoces desde lo más íntimo, de tu lista de deseos, cumplido.

Y como una no puede retratar esa cascada de emociones, tiene que recurrir a las palabras, mitad prosa, mitad poesía
y a la literatura de la fotografía. ©

Historias de Larrú 💙

Felices historias que nunca se podrán

retratar ni escribir,

que tan sólo pueden inundar de la emoción 💦💙

Los Otros

Instagram es un mundo paralelo, sin duda alguna.

Un día llegué a él, con muchas ganas e ilusión de compartir mis historias con personas que les dedicaran una porción de su preciado tiempo.

A día de hoy, no sólo he logrado ese deseo, por añadidura he leído yo muchísimas más, reales, ficticias, en lenguaje directo, coloquiales, en prosa y en verso.

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En Instagram, he conocido a un montón de personas simpáticas, alocadas, creativas y sobre todo, a destacar, con muy buen rollo. Entre ellas, cuento con Penélope @estraperloemocional , a quién he invitado a compartir sus letras en este blog, en la sección de colaboraciones que habéis leído en anteriores ocasiones.

A l@s que ya la conocéis no es necesario que diga nada de ella… Sabéis de sobra de su arte y a l@s que aún no la habéis descubierto, deciros que ella es única, de mirada y palabras diferentes, de voz muy característica.

Pero bueno, que haceros una idea por vosotr@s mism@s, leed y valorad…

 

 

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Sólo si crees en fantasmas

Si has oído hablar de un lugar casi perdido y apenas conocido, llamado La Isla de la Fortuna, debes saber algo importante, pero sólo si crees en la existencia de espíritus.
Un fantasma habita en este paraje inhóspito, envuelve todo de niebla y apaga la luz del faro a su antojo para que ningún barco pueda acercarse a tierra.
Nadie aún ha osado enfrentarse al espectro, dicen que allí tan sólo podrás encontrar la muerte. Pero, ojo, si posees el coraje y el atrevimiento necesarios, si ya has luchado o cazado fantasmas quedas avisad@ que existe una leyenda que has de conocer.
Se dice que quién libre a este lugar de ese ente, se convertirá en el poseedor de la mayor riqueza que se haya allí. Se haya guardada en una de sus cuevas, en las que unos piratas escondieron todo lo robado a centenares de buques. Cuentan que el último pirata que murió vendió su alma al diablo a cambio de convertirse en fantasma para custodiar sus tesoros por la eternidad.

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⚠️Una advertencia final:

Una investigación, una persecución y una captura de esta índole puede llegar a ser fuerte, demasiado intensa. Dicho fenómeno paranormal podría llegar a un alcance insospechado que, por falta de experiencia o habilidades, no sepas ni puedas tratar.

Por esta razón, si te estás planteando realizar tal hazaña y no sabes por dónde empezar, tal vez te sirva de ayuda el libro Cacería de Fantasmas para Principiantes.

Sólo me queda desearte mucho perseverancia, determinación y sobre todo, inteligencia porque:

 

El éxito no llega de la buena suerte,

llega de la capacidad para resolver los problemas.

 

***

(Nota aclaratoria: El verdadero nombre de la isla de la historia y que ves en la primera imagen es: Anacapa, California.)
Gracias por la visita, hasta la próxima publicación y no olvides de compartirla en tus redes sociales o de dejarme tus comentarios, si te apetece 😉

© Historias de Larrú

Sentimientos suspendidos en el tiempo

Ahora que el solsticio de invierno ha finalizado y el velo entre el reino de los mortales y el mundo de los espíritus se ha vuelto más grueso e inaccesible, existe sin embargo, un fantasma que atraviesa ese umbral cada noche para ir al encuentro de su amada.

Ella que no distingue si se halla dormida o despierta, en la realidad o en un sueño, si todo es fantasía o locura, sólo atina a sentir la intensidad del éxtasis que la embarga… Continúa leyendo Sentimientos suspendidos en el tiempo

Historia de una fotografía

Antes de que comiences a leer esta pequeña historia te sugiero que pongas de fondo la canción “Photograph” de Ed Sheeran.
¡Feliz Lectura, espero que la disfrutes!

Mara compró una cámara de fotos en una de esas tiendas de segunda mano del centro de la ciudad. Su salario en una oficina como “vuelcadatos” no le permitía de momento, nada más, vivía sola de alquiler y había ido ahorrando, euro a euro, para poder tenerla. Lo siguiente sería realizar un curso de fotografía profesional, para eso tenía ya otra hucha preparada. Su amiga Virginia le había dicho en más de una ocasión, que había miles de tutoriales en Youtube para aprender a tomar buenas fotografías y ese dinero, gastarlo en irse de vacaciones las dos. Pero Mara le decía que no, que más adelante, mientras pensaba para sus adentros que lo que ella más deseaba era convertirse en una fotógrafa freelance y recorrer el mundo para ir retratando cada rincón, cada cultura, cada persona que sabía que le sorprendería.

En cuanto llegó a su casa, la sacó de la caja y comenzó a andar en el aparato para saber cómo iba y todas las funciones de las que disponía. Para su sorpresa, descubrió que en la galería de archivos, que debiera estar vacía, quedaba una imagen.

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Se quedó durante un breve momento mirándola, no sabía muy bien qué efecto le producía, quizá un poco el misterio de quién era aquel hombre o no poder ponerle cara al protagonista, o también la incógnita de a qué o a quién retrataba. Después de conjeturar diversas historias sobre el protagonista de la instantánea, decidió eliminarla, sin más. Para que darle vueltas a algo que no tenía razón de ser, prefirió pensar en lo que iba a hacer al día siguiente, domingo. A dónde iría con su preciosa máquina de fotos.

Aquella noche, durmió a ratos y además. tuvo una serie de sueños raros, que la despertaban sobresaltada. En todos ellos, la cámara estaba presente y sufría algún suceso malo, como que se le caía, o se la robaban, o que iba a hacer fotos y no funcionaba. La última vez que se quedó dormida eran casi las seis de la mañana, cuando abrió los ojos había llegado el mediodía. Se levantó muy cabreada, había perdido casi medio día de fiesta. Un punzante dolor de cabeza le obligó a tomarse un par de galletas y un café lo antes posible para tomarse un ibuprofeno de urgencia. Decidió darse una ducha rápida, reconoció que aún quedaba domingo por delante, comería fuera un bocata o sandwich.

Cuando se peinaba el cabello frente al espejo, al recogerse el pelo en una coleta, no dio crédito a la imagen que vio reflejada además de la suya. Era imposible pero era el chico de la cámara, la imagen idéntica a la que había descubierto el día anterior. Estupefacta, ahogó un grito y cerró los ojos con fuerza. Cuando los volvió a abrir, sólo quedaba su propio reflejo.

Fue en busca del aparato y lo encendió. De pronto, le urgía cerciorarse de si había borrado aquella imagen. Abrió la galería y allí estaba la solitaria fotografía del chico que momentos antes, había visto con sus propios ojos en el espejo de su baño.

Mara apagó el aparato y lo fue a guardar en su caja. El lunes, cuando saliera de trabajar, iría a ver si podía devolverla a la tienda. Cuando tenía ya la caja descubrió en uno de los laterales interiores un correo electrónico junto a su contraseña: unavidaretratadaeninstantesinfinitos@gmail.com / instantesinfinitos_ella

No lo pensó ni un sólo segundo, fue hasta su portátil y tecleó los datos que había encontrado. No había un sólo mensaje en la bandeja de recibidos, había más de un centenar en la de enviados y todos ellos iban dirigidos a Miriam Aldaga. Hizo clic en el último que había sido remitido y leyó:

Sé que no estoy equivocado, todo esto que siento por ti no es un error. Me niego a creerlo. Miriam, tú eres el amor de mi vida, lo sé, no he estado más convencido de algo nunca. Si no estás en esta vida que me ha tocado, en la que tú eres un imposible, esperaré a la siguiente o a la otra, porque el error está en el tiempo, no en este sentimiento que me une a ti. Aún así, has de saber que me despido de ti porque me doy cuenta que estar cerca de ti y saber que no podré tenerte es una tortura permanente.

Me marcho, no te diré a dónde, me llevo mi cámara, mi colección de instantes junto a ti y todos los momentos que compartimos en mi memoria y corazón. No me despido de ti, nos volveremos a encontrar, porque estamos destinados a ser…

Siempre,

Álvaro.

Mara fue abriendo más correos, todos ellos eran declaraciones de amor absolutas y eternas, junto a fotografías de ella, de los dos juntos.

Aquella cámara de fotos que había comprado tenía un dueño o, había tenido un dueño y sin saber muy bien por qué, ella llegó a la conclusión que debía regresar a él. En ese preciso instante, mandó desde su correo personal un mensaje al tal Álvaro. Al momento, lo vio en la bandeja de entrada del mail de él. Pensó que también le enviaría otro similar a la chica. Les explicaba que tenía la cámara y deseaba devolvérsela. Durante los diez minutos siguientes, se quedó esperando, quieta, con el corazón en un puño. El teléfono le avisó que tenía un correo nuevo. Pertenecía a Miriam Aldaga:

Gracias por contactar conmigo. Álvaro murió hace un año, fue un accidente horrible, iba en un jeep y un camión le arrolló. Éramos compañeros de trabajo, en una revista de viajes pero también mi mejor amigo, era como mi hermano. Tener su cámara de fotos es de un valor incalculable para mí. Mi teléfono es 693505052, gracias de nuevo.

Mara llamó a Miriam y quedaron. Después volvió a coger la cámara para guardarla pero no pudo contener las ganas de abrir por última vez la galería de imágenes.

La fotografía de Álvaro había desaparecido.

***

Como siempre, le echo un poco de jeta llegados a este punto y te pido que me ayudes a que esta historia llegue a más personas, compartiéndola en tus redes sociales. Mil gracias.

Y, gracias por tu visita, por supuesto. Eso por descontado 🙂

El hilo rojo… y otras historias

Existe una leyenda oriental que reza que las personas destinadas a conocerse están conectadas por un hilo rojo. Imagino que ya habrás leído de qué trata, si no te paso uno de los enlaces en Internet que la explica de forma detallada.

¿Y por qué escribo sobre este hilo rojo?

Porque ese hilo sale de un ovillo, ¿no? Pues bien, existe otro ovillo con otro color y con otra función. Y no es otro que el ovillo azul.

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El ovillo de la escritura, el ovillo azulado que llevo siempre entre mis manos y con el que tejo cada una de mis historias. El ovillo de cada uno/a de los escritores/as.

Porque, en un principio, el ovillo augura que se encuentre el escritor/a con la historia para después lo haga con los lectores/as. Del ovillo azul sale el hilo que conecta a unos y a otros.

¿No resulta maravilloso? 

Puede que sea tan sólo una más de mis inspiraciones sin fundamento o puede que sea una tontería, ¿qué más da? Lo que si es cierto, es que existe un encuentro entre escritores, historias y lectores. Como existe el encuentro entre personas que relata la leyenda del hilo rojo.

Descarto esas dudas desgarradoras a veces o los temores a que mis historias no lleguen a encontrarse con sus lectores, porque conozco y sigo descubriendo más lectores/as que me confirman la existencia de ese ovillo azul.

No necesito más evidencias y es por ello que celebro por ese ovillo azul, por la vida, por las historias, por los libros.

Brindo, como decía Borges, por la imaginación que hizo que se inventaran los libros y por la mía que ha creado el ovillo azul.

 

“De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo. Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”

Jorge Luis Borges.

 

Si, ya sé, lo que estás pensando, que ahora estás leyendo estas palabras en negro. Sin embargo, antes de pasarlas a través del teclado, hice mis anotaciones en azul. Casi siempre utilizo tinta azul.

 

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¿Qué te parece toda esta historia que te he contado? Me encantaría que me compartieras tu opinión 😉