Un guarda pianista y algo más…

Andaba yo por aquel bosque en una ruta de senderismo, tratando de encontrar el camino correcto. La batería del móvil se me había agotado y había perdido hacía rato la brújula. Me harté a dar vueltas hasta que la noche se me echó encima. Allí estaba yo, en algún lugar perdido de un frío y solitario bosque, con hambre, cansado y, por supuesto, acobardado.

Pero entonces, empecé a escuchar una música y afiné el oído para tratar de localizar la procedencia de las notas acústicas que enseguida comprendí, salían de un piano.

Deberías haber visto mi sonrisa cuando, después de echar andar en busca del origen de aquel sonido tan especial, vi unos metros más allá en mitad de un claro del bosque, a un joven sentado al pie de un piano, situados en la parte delantera de una choza pequeña.

Cuando terminó de tocar, me presenté:

– Me llamo Héctor. No sabe cuánto me alegra haberle encontrado, me he perdido. Es tan tarde…

– Yo soy Lionel y debes saber que nunca es demasiado tarde, nunca. Vamos a la cabaña, tendrás hambre y frío.

Estuvimos hablando hasta pasada la medianoche. Él era guarda forestal desde que cumplió la mayoría de edad que había sido poco menos de tres años. Además del bosque, me relató, su otra gran pasión era tocar el piano, mezclar la melodía de la naturaleza con la de su alma. No sé a qué hora nos dormiríamos charlando de la vida y sus vicisitudes.

Me despertó la primera luz del alba y comprobé en una rápida ojeada por la única estancia que conformaba el sitio, que me encontraba sólo, el joven guarda debía estar fuera. Salí y para mi sorpresa, el piano tampoco se hallaba donde lo había visto la noche anterior. Miré a mi alrededor y grité varias veces: “Lionel”

– Chico, ¿te ocurre algo? ¿puedo ayudarte?

Me giré sobresaltado, otro guarda forestal de mediana edad, había aparecido de repente.

Le conté atropelladamente todo lo acaecido desde la víspera.

– Tal vez todo esto le suene raro, señor.

El hombre se quedó pensativo, carraspeó y dijo:

– Esto suele suceder, chico. No es raro. Todos los guardas que han trabajado en este bosque conocen a Lionel. Te contaré su historia ocurrida hace ya unos treinta años. Un grupo de niños iban con una monitora de excursión, cuando la pobre mujer tuvo un repentino ataque de corazón que la fulminó inmediatamente. Los pequeños comenzaron a desperdigarse, lloraban, llamaban a sus padres y las horas iban pasando hasta caer la completa oscuridad. Los padres que esperaban a sus hijos al ver que no regresaban, lo primero que hicieron fue llamar al guarda del bosque al teléfono que no era otro que Lionel. Al cabo de una hora, el guarda anunció que tenía a todos los niños sanos y salvos. Lionel había tocado su piano y la música los había ido atrayendo hasta el claro en el que nos encontramos. Esto contaron los críos a sus padres. Esta historia ha contado cada excursionista que se ha perdido alguna vez más en este lugar. Idéntica a tu versión. Así que, no se te olvide chico, Lionel el guarda y pianista, o mejor dicho su fantasma, él y su música te ayudaron.

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(Todos los derechos reservados)

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Espero que te haya gustado esta pequeña historia de fantasmas que se añade a las anteriores de este blog y que sirve de aperitivo para las que tengo publicadas más extensas en Amazon Kindle.

Y, por supuesto, si te apetece compartirla con tus amig@s de las redes sociales, a mí me haces la mar de feliz 🙂

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Un café con historias

Hoy te invito a un café, tengo que contarte una historia de fantasmas verídica que como estamos en estos días de Halloween, me viene ni qué pintado. Te recomiendo que leas una publicación muy interesante sobre este tema en el enlace historia y origen de Halloween .

Además, te hablaré de algo más sobre un café y fantasmas, así que acomódate que empezamos. Continúa leyendo Un café con historias